Perspectiva libertaria de género

Perspectiva libertaria de género

Difundido por RIMA - Red Informativa de Mujeres de Argentina











 



La discriminación va acompañada de una relación de objeto (la cosificación del sexo opuesto), muy propia de una sociedad donde los hombres y más aún las mujeres son mercancía.

El sistema donde estamos inmersos impone matrices diferenciadores para hombres y mujeres, estos comportamientos se encuentran socioculturalmente instituidos, sin derecho a cuestionamiento. 

Se nos impone una manera de comportarnos, de pensar, en el caso de las mujeres de sentir pasivo, identificándonos por todos los medios como el sexo

débil, caracterizado por la dulzura, la ternura, la desmesura hormonal, el ser “súper madres” llenas de caridad impulsadas de manera intrínseco a proyectar y

ejercer sin cuestionamiento aquel rol. Mientras que la Violencia, la agresividad, la lógica, la razón y el militarismo quedan confinadas para aquellos en el ejercicio de su masculinidad. 

Ahora bien, lo anterior trae consigo el enaltecimiento del “carácter natural” de la subordinación de las mujeres, ya que necesariamente tendrían que depender de un soporte, personificado por un padre o por un esposo. Así, el implícito patriarcado se mantiene intacto, como una permanente sombra cuyo peso impide el desarrollo libre de nuestras opciones de vida, conlleva una omnipotente identidad de género de carácter estático, que impide a mujeres y hombres ver más allá, dificultando la construcción de identidad de clase, ya que el peso histórico esta identidad de género trae consigo que la hombría y la femeneidad sientan la convicción de construirse en base a falsos modelos, el primero enlazado al poder y el segundo al sometimiento, lo que más que complemento pasa a ser el continuismo de una sociedad abatida y teñida por la dominación de los mas ricos por sobre los más pobres.  Es decir la diferencia de poder y la explotación vivida por el trabajador en manos del patrón se traspasa, en la mayoría de los hogares, en la opresión del hombre sobre su mujer en el espacio privado.

 

La violencia opresora y patriarcal se hace presente hasta en los más mínimos detalles que inundan sus vidas desde el control de su cuerpo hasta las actividades públicas a desarrollar.

Por lo demás, la discriminación va acompañada de una relación de objeto (la cosificación del sexo opuesto), muy propia de una sociedad donde los hombres y mujeres son mercancía y más aún las mujeres quedan rezagadas a vivir en mayor porcentaje las miserias del capitalismo. (feminización de la pobreza). Es precisamente ese trato una de las más poderosas armas para mantener a las mujeres en la sumisión: así se les mantiene la autoestima baja, se las tiene a raya.  

Las mujeres son herramienta eficaz para el sistema, mano de obra barata y dueñas de casa realizando trabajo no remunerado útil para que la fuerza de trabajo masculina se mantenga a flote (manteniendo el precario bienestar al que puede aspirar el trabajador asalariado)… Y quien se atreva a desafiar será culpabilizada y estigmatizada por retar al designio histórico de la abnegación por el hogar y los hijos.  

El pensamiento dominante frente a estas condiciones objetivas incide en que tanto hombres como mujeres acepten la desvalorización de estas últimas adoptando el punto de vista de la cultura. La tarea debe ser  siempre la denuncia, y  el desarrollo de las construcciones sociopolíticas basadas en la autodeterminación y el empoderamiento del ser hombre o mujer de manera complementaria con la conciencia clara y la firme convicción de que no se alcanzará la igualdad hombre-mujer mientras permanezcan las instituciones que fomentan la estructura de dominación y explotación que ha permitido descaradamente que los patrones culturales se perpetúen y sean reconocidos de manera natural.

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